Más allá de las vistosas gigantografías con mensajes religiosos instaladas en lugares estratégicos de su comuna, cabe preguntarse acaso el Alcalde de Independencia es realmente un “representante típico” de la idiosincrasia evangélica chilena, como muchos parecen dar por sentado.
En la reciente sobre exposición mediática del Sr. Antonio Garrido, Alcalde de la Comuna de Independencia, un aspecto que se ha relevado de una manera u otra, en chiste o en serio, es su identidad evangélica. En efecto, ha sido casi un lugar común en sus apariciones en la prensa, que se lo presente como una expresión de la irrupción de los evangélicos en el ámbito de la política.
Pero más allá de las vistosas gigantografías con mensajes religiosos instaladas en lugares estratégicos de su comuna, cabe preguntarse acaso el Alcalde de Independencia es realmente un “representante típico” de la idiosincrasia evangélica chilena, como muchos parecen dar por sentado. Sin necesidad de poner en duda sus creencias personales, o su pertenencia a alguna iglesia en particular, para cualquier persona medianamente conocedora del mundo evangélico, resulta evidente que las formas de comunicación y de trato de las que el Sr. Garrido parece sentirse orgulloso, distan mucho del estilo de vida que la predicación y la enseñanza de las iglesias evangélicas promueven.
En la reciente sobre exposición mediática del Sr. Antonio Garrido, Alcalde de la Comuna de Independencia, un aspecto que se ha relevado de una manera u otra, en chiste o en serio, es su identidad evangélica. En efecto, ha sido casi un lugar común en sus apariciones en la prensa, que se lo presente como una expresión de la irrupción de los evangélicos en el ámbito de la política.
Pero más allá de las vistosas gigantografías con mensajes religiosos instaladas en lugares estratégicos de su comuna, cabe preguntarse acaso el Alcalde de Independencia es realmente un “representante típico” de la idiosincrasia evangélica chilena, como muchos parecen dar por sentado. Sin necesidad de poner en duda sus creencias personales, o su pertenencia a alguna iglesia en particular, para cualquier persona medianamente conocedora del mundo evangélico, resulta evidente que las formas de comunicación y de trato de las que el Sr. Garrido parece sentirse orgulloso, distan mucho del estilo de vida que la predicación y la enseñanza de las iglesias evangélicas promueven.
